8.12.07

Recordando a Javier Heraud

El número 64 de la excelente revista argentina Sudestada, correspondiente al mes de noviembre último, trae, entre otros materiales muy interesantes, un dossier dedicado al poeta peruano Javier Heraud (1942-1963), que lleva el título de "A la alegría vamos" e incluye un estudio de Hugo Montero y una entrevista con Cecilia Heraud, la hermana y biógrafa del recordado vate. Una parte de la entrevista con Cecilia Heraud, así como otros textos de esta revista, pueden leerse en el portal de Sudestada, de donde nos hemos tomado la libertad de extraer los párrafos que a continuación copiamos.

No soportaba las injusticias y
se rebelaba ante el conformismo

Entrevista con
Cecilia Heraud

Hermana menor de Javier, Cecilia Heraud es quien mejor supo detallar el universo interior del poeta a partir de su bellísimo libro biográfico Vida y muerte de Javier Heraud. Con un grado de intimidad único, Cecilia trabajó la vida cotidiana de los Heraud en Miraflores con un talento narrativo que se apoya en la sensibilidad del contacto diario con Javier. Desde Lima, colaboró desde el principio con fotos y materiales inhallables para la elaboración de este dossier sobre su hermano. También con estas respuestas que siguen, y que intentan poner en palabras emociones que mezclan tristezas y alegrías en su memoria.

-¿Qué recuerdos de la vida cotidiana y pequeños momentos de intimidad con Javier guarda en su memoria?

-Javier, Gordo para la familia, era mi hermano compañero. Era un muchacho franco, espontáneo, idealista, sin temores. Gran lector y amante de la literatura. Aún tengo grabadas escenas de la época privilegiada de nuestra infancia. Javier era una persona adelantada para su tiempo. Recuerdo que me subía al techo de la casa con él y contra la voluntad de mamá. Él me enseñó a fumar con sus cigarrillos sin filtro y de tabaco negro; nos metíamos en su cama a modo de escondernos para que mamá no sintiera el humo y, años después, pensaba en nuestra ingenuidad. Como él me llevaba casi dos años, era mi compañero en las fiestas, ya que cada una de nosotras debía ir acompañada por un hermano hombre, de lo contrario no nos daban permiso. Pero nos divertíamos pues nos gustaba bailar y en casa ensayábamos los pasos de baile. Él cantaba imitando a Elvis Presley, era sumamente animado y le gustaba divertirse. Sé que le gustaba a varias amigas mías.

-¿Cómo era el medio donde Javier pasó su infancia? ¿Cuáles eran sus pasiones y sus gustos por entonces?

-Vivíamos en el barrio de Miraflores, barrio de clase media alta. El asistía al colegio más caro de Lima, el Markham College. Ahí recibió sólida instrucción y empezó su pasión por la literatura. También en la revista del colegio, publicó su primer poema a los 15 años. Mi padre trabajaba duramente para poder pagar la educación de nosotros seis. Miraflores era un hermoso distrito entonces, con casas llenas de árboles, antiguas, amplias, y no con mucha población, de modo que nos conocíamos muchas familias. Teníamos vecinos; algunos, amigos; otros, no. Cuando alguien nos molestaba, Javier salía a defendernos y hasta tuvo algunas peleas en la calle con vecinos antipáticos. Jugábamos mucho en “el jardín de la entrada/ pequeño pero grande”. Jugábamos ping-pong en la mesa del comedor, voley en el jardín... no sé cómo nos aguantaba mi madre. Le gustaba estudiar y hacer deporte; en el colegio fue campeón de salto en largo, tenía unas piernas largas, corría y saltaba con vallas y sin vallas. Era amiguero y asistíamos mucho al cine, otra de sus pasiones. Patinábamos y montábamos bicicleta. Javier y nuestro hermano mayor iban al colegio en bicicleta pues quedaba relativamente cerca. Como en esa época existía el tranvía eléctrico que unía algunos distritos y ellos tenían que cruzar las líneas, mamá siempre le recomendaba al salir, como él recuerda “Javier, no olvides tu gorra/ mira bien al cruzar el tranvía”. Todos los veranos íbamos a la playa con nuestros padres o solos, los cinco hermanos mayores, bajábamos “al baño de las piedras” juntos diariamente y luego regresábamos con mucho apetito a almorzar. Javier comía mucho, era muy grande.

-¿Cómo es posible comprender la relación de Javier con la poesía? ¿Qué cosas encontraba en ella?

-Me percaté de su amor a la poesía desde niña. Hacíamos corazones para regalarle a mamá por el día de la madre, y él escribía en ellos. Desde los 15 años publicó, le gustaba hacerlo y nos leía en voz alta sus poemas. Él comentaba que la poesía debía ser una esperanza para el pueblo, que debería haber muchos poetas que escribieran poesía buena para que incluso se cantara y llegara a todos. En una entrevista que le realizó Mario Vargas Llosa durante su estadía en París, Javier declaró en la radio que quería hacer una poesía narrativa, que se nutriera de la naturaleza, y clara para que fuera entendida por todos.

Asistía a recitales donde él leía sus poemas. Con amigos poetas fundaron La casa de la poesía en Barranco, donde hacían interminables veladas poéticas...

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