31.12.07

Para una historia del graffiti argentino

Cuatro años después de Hasta la victoria, Stencil!, el primer libro en recopilar e historizar el stencil argentino, se edita 1000 Stencil. Argentina graffiti, que documenta lo que pasó desde entonces, incluida la llegada de los artistas callejeros a los museos y galerías. Pero además demuestra que la técnica está instalada y que el stencil es el modo de intervención urbana que identifica a Buenos Aires y a las grandes ciudades de la Argentina. Este texto, que acaba de ser publicado en el diario Página/12, es la introducción a 1000 Stencil. Argentina graffiti (Buenos Aires, La Marca Editora, 2007), de Guido Indij, quien es el editor de este importante libro.

El stencil no es un arte, es una técnica. Y como tal, herramienta al servicio de múltiples propuestas y mensajes de artesanos, artistas y militantes con distintas propuestas y objetivos. Herencia híbrida de dos tipos de manifestaciones gráficas, el grabado y el graffiti, se liga al primero como prolongación de una de sus formas primitivas, el estarcido (la aplicación de tinta sobre tela o papel a través de una mascarilla y la intención intrínseca de la multiplicación) y al segundo, en tanto el soporte que suele elegirse para su aplicación no es por lo general la tela o el papel sino la pared, el espacio público.

Así, aplicado en ese bastidor urbano que es la calle, con pintura en spray (usualmente aerosol), el stencil graffiti presenta un mensaje que se multiplica en el espacio público. Y un mensaje que se dirige al peatón, al ciudadano, es por lo tanto, un mensaje político. No debe ser casual que otra herramienta ligada al mensaje político antes de las fotocopias y los e-mails haya sido el mimeógrafo (imprenta portátil en la que solían reproducirse panfletos, volantes y consignas), cuya parte esencial, el cliché que reproducía el mensaje a imprimirse se llamara también stencil y fuese a su vez la metonimia por la cual otra generación conoció a ese aparato.

Si todo stencil es político, al menos en el sentido en que todo preso lo es, no ha de extrañarnos que el stencil en la Argentina haya tenido un renacimiento en los extraordinarios momentos en que la política volvía a las calles, en el debut de un siglo en el cual los ciudadanos despertaban de una infame década de egoísmo y sofisticación (en el sentido de engaño, de ilusión) y volvían a participar de los asuntos públicos.

VOLVERE Y SERE MILLONES

Cuando se editó Hasta la victoria, Stencil! en 2003, el stencil era una expresión emergente que ahora se ha consolidado y extendido.

En estos tres años de desarrollo, los coolhunters han leído moda –y por lo tanto mercado– y en definitiva la publicidad, que todo lo devora, ha jugado su rol. Como resulta obvio, no faltaron quienes con pretensión de vanguardia anunciaran la prematura muerte del stencil y horrorizándose con su “venta al statu quo”, mientras cuestionaban su museificación, discutieran su institucionalización, su embalsamiento. Voces agoreras que suponen que lo bueno reside en lo original y que lo único bueno es en lo novedoso, anunciaron tempranamente que “el stencil ya fue”. Nada puede estar siempre apareciendo, chicos. ¿No habíamos ya aprendido que la fotografía no mató a la pintura, que la radio no mató a los diarios, que la televisión no mató a la radio ni al cine, que Internet no matará a los libros...? Los distintos medios vienen para estratificarse y quedarse. Y en estos últimos años hemos experimentado (vivido activamente) los fenómenos de legitimación del stencil.

El stencil graffiti argentino se ha consolidado y vuelto estigmático. Así como las bombas de las gangs ilustran a Los Angeles, los tags grafican Nueva York, el pixaçao es autóctono de San Pablo y asociamos el graffiti intelectual al París de hace 40 años, el stencil es la forma de graffiti que internacionalmente se reconoce como propia de Buenos Aires.

En estos tres años se ha extendido por Internet y por el asfalto a otras ciudades de la Argentina. Hemos incluido en este libro stencils de nuevas generaciones de artistas urbanos y activistas que han elegido el lápiz, la plantilla, el cutter y el aerosol como herramientas iniciáticas, no sólo en Buenos Aires sino en las provincias de Salta, Neuquén, Córdoba, Mendoza, Río Negro, Santa Fe...

STENCIL ARGENTINO

En casi todas las provincias y ciudades medianas de la Argentina han brotado stencils. ¡Y eso que la Argentina es un país grande! La Argentina es un país grande y bello, a pesar de la corrupción, el hambre, la violencia y una creciente sensación de inseguridad. O sea, un país con cosas más importantes por las que preocuparse que la atención sobre la prohibición de pintar el espacio público y el privado, y la vandalización de los artistas urbanos que son por lo general, como gran parte de la población, subocupados formales. Existe una importante ausencia del Estado en los asuntos públicos y sin dudas es esa ausencia una de las causas más importantes tanto de la corrupción, el hambre, la violencia y la sensación de inseguridad, como de la falta de legislación sobre la intervención gráfica de los espacios. Y en lo que compete a nuestro comentario, he aquí uno de los principales motivos por los que el stencil (una intervención levemente violenta sobre una pared blanca) tiene un espacio de desarrollo en la Argentina, que no tiene en otros países, también tradicionales semilleros de artistas y talentos creativos.

Las paredes están ahí; la ley que interdicte su intervención y los recursos económicos del erario público destinados a la limpieza y blanqueo de paredes, no. ¡Que siga así! Así esos espacios ocupados hoy por la decoración espontánea y gratuita, por la extraordinaria densidad de producción de stencils y otras intervenciones urbanas no son entregados a las uniformes tipografías con nombres de candidatos políticos, con diseñados afiches publicitarios, con letreros que nos ordenarán qué podremos y qué tendremos prohibido hacer.

Dejando de lado los fines utilitarios del stencil (industrial, decorativo, señalización) nos ocuparemos de un vasto repertorio originado en una semiclandestinidad y que puede dividirse en las siguientes tipologías: representaciones abstractas, figurativas, mensajes políticos y marcas personales, prestándole especial atención a aquello que damos en llamar puro estético, o stencil per se: aquellas impresiones donde la poética del stencil se realiza a través de una imagen visual inventada (desde una idea original, desde la yuxtaposición de imágenes existentes) o escogida para transmitir una idea, una pertenencia, un gusto. Una acción mágica que se expresa en plenitud cuando la imagen es potente, sintética y carga un mensaje con posibilidades de ser repetido ad infinitum. El intercambio entre stencileros puede comenzar en la calle y seguir en Internet o viceversa. Lo que se busca es compartir no sólo imágenes y yeites técnicos sino también proyectos comunes. Y es a través de la práctica personal y el traspaso de experiencias y técnicas de corte y aplicación que el resultado se modifica. En estos años, la técnica se ha complejizado; es mayor, por ejemplo, el número de stencileros que aplican formatos extremos (enormes como RDW y Nazza y Burzaco Stencil), e íntimos como Cucusita y Stencil Land) y generan piezas en dos, tres o más colores.

Lo que predomina en nuestra selección es la intención artística de llamar la atención al lector-peatón, interviniendo en el automatismo de la circulación cotidiana. Se trata de guiños, de gritos, de onomatopeyas visuales que pretenden provocar una reacción espontánea en forma de risa, de reflexión, pudiendo resultar incluso en una mayéutica. Después de todo, recordemos que el término stencil viene del latín scintilla, que significa “chispa”. Idealmente ese guiño es recibido e interpretado por otro stencilero que responde yuxtaponiendo su propia impronta, combinándose y cerrando así el circuito de un diálogo artístico. Con perdón de la palabra.

1 comentario:

Selecal dijo...

Hola: leí atentamente esta nota y me resulta muy interesante. Quiero saber si podríamos publicarla en la Revista Invisible, que editamos en Buenos Aires desde el año pasado. Es una publicación de cultura under, de distribución gratuita sin fines comerciales. Tenemos una sección llamada "La calle dice", donde se muestran grafitis de los más ingeniosos.
Pueden ver algo de lo que hacemos en nuestro blog.
Saludos.
Sebastián Calderón