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21.7.08

Las claves secretas de Gelman

Por Ana Mónica Rodríguez
La Jornada, Ciudad de México, 21/07/08


Una “asamblea” o “convención” de poetas “gelmánicos” convergen en el libro Los otros, del escritor argentino Juan Gelman, en donde resurgen diversas voces literarias que otorgan claves secretas de los territorios y alcances de la vida y obra del Premio Cervantes 2007.

Durante la presentación del volumen, coeditado por Alforja y la Universidad Autónoma de Nuevo Léon, que se realizó ayer en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Juan Gelman rememoró una faceta excepcional de su pluma, la de sus autores preferidos, así como de sus visicitudes y periplos literarios, estuvo acompañado por los escritores Hugo Gutiérrez Vega, Carlos Montemayor, Miguel Covarrubias y José Ángel Leyva.

En esta recopilación, prologada por Leyva, se retoman textos que el autor argentino ha publicado con diversos seudónimos, así como poemas que ha escrito sobre otros autores, con los cuales se ha identificado o a quienes también ha dado respuesta. En Los otros, Gelman muestra a “los autores a los cuales reconoce como propios, aunque él funge como traductor y portavoz de ellos”.

Al final de la presentación, el poeta argentino galardonado recientemente con el Premio Cervantes, leyó varios textos publicados en Los otros, que provocaron sonoros y entusiastas aplausos entre los asistentes a la sala Manuel M. Ponce.

Sidney West, Yamanokuchi Ando, Julio Grecco, José Galván, John Wendell, Eliezer Ben Jonon, Solomón Ibn Gavirol y Dom Pero son algunos de los autores-personajes que pueblan la poesía gelmánica y que durante varios minutos saturaron la sala con su ritmo poético.

En el volumen, Juan Gelmán realiza una travesía literaria que recorre desde los desiertos árabes, la España Medieval, la vieja Europa hasta un naciente Estados Unidos. “Cada uno de ellos representa una circunstancia, un tiempo y una geografía”, coincidieron en señalar los participantes en la presentación.

Juan Gelman, también se dijo en el acto, es ejemplo de cohesión ética, defensor a ultranza de la memoria y de la justicia, causas ligadas a la pérdida de seres queridos y al exilio, en donde ha escrito gran parte de su obra.

Esta antología, dijo Montemayor, es un diálogo entre varios amigos; es una especie de “convención” o “congreso” permanente que nos enriquece. “Este libro permite entender un derrotero de la búsqueda de familia en Juan. Una familia de poetas españoles que han tenido mala suerte en el español o bien que no han sido atractivamente traducidos”.

En este poblado mundo de palabras y réplicas, prosiguió Montemayor, Los otros ofrece claves poderosas, secretas y profundas sobre el autor que es muchos; además, “reproducen, evocan y recobran tantos ecos y matices que es difícil que quepan en un poema o en varios libros”.

El poeta Hugo Gutiérrez Vega, director de La Jornada Semanal, dio lectura a una emotiva carta dirigida al argentino y que tituló Aleluya por los ojos de Juan Gelman.

“Juan, en realidad estás en todos los momentos de la vida de tus personajes, pero estás de una manera exquisitamente discreta sin meterte a dar órdenes, dejando que ellos vivan sus vidas o sus pedazos de vida evitando la tentación de los autores que se comportan como titiriteros autoritarios.”

Esta carta “me ha permitido entrar en las voces, miradas y objetos de la gente que camina por las páginas de Los otros; siempre supe de la generosidad de Juan, pero no hasta el extremo de que cede parte de sí mismo a la vida y avatares de los demás”.

Esta reunión de voces, subrayó Leyva, permite hablar de los heterónimos de Juan y de uno de sus más admirables hallazgos literarios y una de sus mayores búsquedas. “Gelman halla en Los otros la extranjería, la huella de la ausencia, la revelación del exilio, su desterritorialización y la identidad de ser otro”.

La reunión y selección de los textos de Los otros fue labor de Leyva, quien efectuó un cuidadoso análisis de la extensa obra del autor de Violín y otras cuestiones, y además eligió los poemas que le parecieron adecuados para mostrar al lector el diálogo que se genera entre un poeta y sus referentes.

25.4.08

Poesía y memoria

Por Juan Villoro
Reforma, Ciudad de México, 25/04/08


Juan Gelman recibió el Premio Cervantes con un discurso hecho de fuego y de cenizas. Auxiliado por los poetas que lo han acompañado en su larga travesía (Hölderlin, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Rilke), centró sus palabras en el compromiso de encarar el pasado. Nada justifica el pacto con la desmemoria. La reconciliación y el olvido sólo son posibles cuando se conoce la verdad.

En el siglo XX Alemania ofreció dos respuestas para abordar un pasado incómodo. Después de la Segunda Guerra Mundial, se declaró la hora cero, el carpetazo que impedía investigar lo que había ocurrido. Los secretos mal guardados y las sospechas en la sombra evitaron, quizá, brotes vengativos, pero transformaron la paz en una tensa variante del recelo y la desconfianza.

Algo distinto ocurrió con la caída del Muro de Berlín: se creó un ministerio para que los perseguidos pudieran consultar su expediente. Uno de cada tres habitantes de la RDA era informante no oficial de la policía secreta. Para muchos, revisar los archivos de un país de delatores equivalía a abrir una caja de pandora. Otros pensaban que la paranoia sería más dañina que la verdad. Alemania mostró que el conocimiento del oprobio es mejor que el silencio y la amnesia obligada.

En esa sintonía, Gelman encomia los privilegios de la memoria. Con ánimo cervantino, afirmó que no comparecía en Alcalá de Henares en condición de especialista: Este discurso carece de invención, es menguado de estilo, pobre de conceptos, falto de toda erudición y doctrina. ¿Desde dónde habla Gelman? Desde la experiencia del dolor trascendido, desde el amor por lo que desaparece y sin embargo está ahí, desde el placer a contrapelo de la historia y sus plurales ignominias. Dos movimientos complementarios animan al poeta: la crítica del horror y la celebración de lo que se aparta del daño y puede, acaso, ser soplo, hálito, vida endeble y duradera. Las víctimas carecen de fuerza; sin embargo, en su misma condición precaria, encuentran el modo de resistir. En la línea de Chéjov y su heroísmo de la debilidad, Gelman recordó a quienes se revisten de fragilidad para enfrentar el espanto, enterrar a sus muertos, inventar un gozo a la intemperie, bajo la ácida lluvia de la época.

El poeta mexicano Eduardo Hurtado ha resumido con elocuencia la trayectoria y el temple ético de Gelman: Para un poeta que ha vivido los crímenes de una dictadura, la demagogia degradante, el hostigamiento y el exilio, la desaparición de sus compañeros, el secuestro de su hijo y de su nuera embarazada, la lenta incertidumbre, la confirmación de sus muertes y la prolongada búsqueda del nieto nacido en un campo de concentración, para un poeta marcado por estas experiencias, el dolor y la rabia forman parte del sentimiento de lo inefable. Con todo, la poesía de Gelman no demanda la abolición del sentido en nombre de los escándalos del odio. La rebeldía superior del poeta consiste en amar lo que ha perdido. En el discurso de Alcalá, definió la inasible sustancia del amor como lo había hecho en unos versos: dar lo que no se tiene, recibir lo que no se da. ¿Hay mayor riqueza que el voluntario intercambio de esas nadas?

Poeta del exilio, Gelman encontró una fórmula perfecta para disolver la nostalgia de la tierra proscrita: la presencia ausente de lo amado. Desde mediados de los años setenta, el autor de Carta abierta vive lejos de Argentina; sin embargo, ha negado el desarraigo con versos que le deben mucho al habla popular de su país, y con la terca estrategia de hacer presente lo lejano, de volverlo certidumbre y belleza herida. Uno de los atributos de la memoria consiste en agregar detalles a los recuerdos y lograr que lo imaginado adquiera en ocasiones mayor fuerza que lo vivido. Los poemas no conocen las distancias.

En Carta a mi madre Gelman encontró el germen de su poética del exilio. Cinco minutos después de enterarse de la muerte de su madre en Argentina, recibió una carta en la que ella parecía despedirse. Esa voz surgida de la tierra sin retorno provocó una respuesta descomunal. Descentrado, obligado a vivir lejos, Gelman imagina un regreso radical, no a su patria, sino al vientre de su madre: ...debo haber sido muy feliz adentro tuyo/ habré querido no salir nunca de vos/ me expulsaste y lo expulsado te expulsó. Una vez fuera, el poeta conoció la tierra, el exilio del hombre.

Un siglo de oprobio se empeñó en empujarlo en esa dirección. Separado de los suyos, inventó palabras. No es causal que en su discurso encomiara la avidez con que Cervantes acuñaba neologismos, palabras locas y necesarias, que permiten describir lo que una persona hace asnalmente o la forma en que un estudiante se dedica a bachillear. A Gelman le gusta cambiar el género de las cosas, decir la fuego para buscar el alma femenina de la lumbre o conjugar el verbo amorar para las cosas que han sido amadas.

¿Qué hace un poeta cuando pierde el país de su lengua? Lo mismo que Antígona y Medea: preserva el recuerdo de sus muertos y combate el infortunio con el canto.

Para Gelman, la misión del poeta consiste en algo más que escribir contra la muerte y el silencio; sus palabras -las muchas voces que ahí comparecen- refutan la negatividad, pero también inventan una alternativa, agregan algo: con temple cervantino, Gelman sabe que no hay amor sin risa, ni justicia sin amor.

Malos tiempos para la lírica, escribió Bertolt Brecht en los albores del nazismo. Todas las épocas han sido aciagas y mezquinas. En todas ellas, el canto ha resistido.

Que Juan Gelman, poeta de la errancia, viva en México es un motivo de satisfacción, pero también un desafío: ojalá estemos a la altura del excepcional que decidió estar entre nosotros para pulir sus palabras con el amoroso cuidado con que el Quijote pulió sus armas.

24.4.08

Juan Gelman y el sentido de la poesía

Por Armando G. Tejeda (Corresponsal)
La Jornada, Ciudad de México, 24/04/08

A sólo unos días de cumplir 78 años –el 3 de mayo–, Juan Gelman se convirtió en el cuarto escritor argentino en recibir el Premio Cervantes de las Letras, con lo que se une a los nombres de Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato y Adolfo Bioy Casares. Con una lectura pausada y sentida, Gelman asumió más que nunca su condición de poeta del exilio argentino, al evocar a los fantasmas que habitan “estos tiempos mezquinos y de penuria”. En el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, ligada íntimamente a la vida y obra del célebre escritor español Miguel de Cervantes, Gelman fue el máximo protagonista de una ceremonia presidida por los reyes de España, Juan Carlos y Sofía. Como es tradición, el discurso del escritor galardonado es el momento cumbre, cuando se escuchan sus palabras que pasarán a formar parte del acervo cultural e intelectual de las letras en español.

Gelman, con anteojos a media nariz y el texto de su discurso sostenido por un atril de madera, lanzó su primera sentencia: “A la poesía hoy se premia, como fuera premiada ayer y aun antes en este histórico Paraninfo donde voces muy altas resuenan todavía. Y es algo verdaderamente admirable en estos Dürftiger Zeite, estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba Hölderlin preguntándose Wozu Dichter, para qué poetas. ¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte”.

Recordó sus duros años de exilio tras sufrir la crueldad del régimen militar instaurado en su país en 1976. “Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mí. Y cuánta compañía de imposible me brindaron. Ese es un destino que no es sino morir muchas veces, comprobaba Teresa de Ávila. Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado.“La dictadura militar argentina desapareció a 30 mil personas y cabe señalar que la palabra desaparecido es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas y ciudadanos inermes, su tortura, su asesinato y la desaparición de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abría entonces manantiales de consuelo”.

Gelman se refirió entonces a su particular relación con la obra cumbre de las letras españolas y su función de bálsamo en aquellos años de persecución e incertidumbre ante la ausencia de noticias sobre el destino final de su hijo –asesinado–, de su nuera –“desaparecida”– y de decenas de compañeros de partido y de lucha.

“Cervantes se instala en un supuesto pasado de nobleza e hidalguía para criticar las injusticias de su época, que son las mismas de hoy: la pobreza, la opresión, la corrupción arriba y la impotencia abajo, la imposibilidad de mejorar los tiempos de penuria que Hölderlin nombró. Se burla de ese intento de cambio y se burla de esa burla porque sabe que jamás será posible terminar con la utopía, recortar la capacidad de sueño y de deseo de los seres humanos. Cervantes inventó la primera novela moderna, que contiene y es madre de todas las novelas posteriores, de Kafka a Joyce. Y cuando en pleno siglo XX Michel Foucault encuentra en Raymond Roussel las características de la novela moderna, éstas: el espacio, el vacío, la muerte, la transgresión, la distancia, el delirio, el doble, la locura, el simulacro, la fractura del sujeto, uno se pregunta, ¿qué? ¿No existe todo eso, y más, en la escritura de Cervantes?”, agregó el poeta argentino.

Gelman, quien vive en México desde los años 80 y donde piensa pasar el resto de sus días, explicó a continuación la relación de la obra de Cervantes con la muerte. “Desde el lugar de presunto caballero andante quejoso de que las armas de fuego hayan sustituido a las espadas, y que una bala lejana torne inútil el combate cuerpo a cuerpo, Don Quijote destaca un hecho que ha modificado por completo la concepción de la muerte en Occidente: es la aparición de la muerte a distancia, cada vez más segura para el que mata, cada vez más terrible para el que muere. Pasaron al olvido las ceremonias públicas y organizadas que presidía el mismo agonizante en su lecho: la despedida de los familiares, los amigos, los vecinos, el dictado del testamento ante los deudos. La muerte hospitalizada llega hoy con un cortejo de silencios y mentiras. Y qué decir de los 200 mil civiles de Hiroshima que el coronel Paul Tobbets aniquiló desde la altura apretando un simple botón. Piloteaba un aparato que bautizó con el nombre de su madre, arrojó la bomba atómica y después durmió tranquilo todas las noches, según dijo. Pocos conocen el nombre de las víctimas cuya vida el coronel había segado. La muerte se ha vuelto anónima y hay algo peor: hoy mismo centenares de miles de seres humanos son privados de la muerte propia. Así se da en Irak”.

Gelman se refirió posteriormente a la necesidad de defender la memoria frente a la ignominia del olvido, máxime cuando se trata de dictaduras y periodos de represión masiva. Enarboló una reivindicación que él conoce en primera persona: tener la posibilidad de “enterrar a sus muertos”, que a él se la arrebataron en varias ocasiones: “Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia”.

30.11.07

Nuevo galardón a Juan Gelman

Escribe
Armando G. Tejeda

El poeta argentino Juan Gelman, quien fue distinguido con el Premio Cervantes 2007, señaló que el galardón, más allá de la circunstancia personal, “es como un reconocimiento a la poesía misma que no tienen las grandes editoriales, porque no es vendible, y también es un desconocimiento del valor de la poesía. Eso a mí me conmueve mucho”.

Gelman, quien se manifiesta emocionado por haber obtenido el premio, expresó que “los cinco o seis candidatos que mencionaron los periódicos son escritores, no sólo amigos míos, sino poetas de primera fila, como Nicanor Parra, (Mario) Benedetti; también (José Emilio) Pacheco fue candidato al galardón.

“Realmente cuando vi a Juan Marsé y Juan Goytisolo entre los aspirantes, y a los que mencioné, como Blanca Varela, pensé: no, Juan, a vos no, pero resultó que sí”.

La marca del exilio

En entrevista telefónica, después de buscarlo en su estudio de la ciudad de México, el poeta argentino indicó que hay dos fenómenos para publicar poesía: el negativo es que las dificultades aumentaron para los jóvenes poetas, y el positivo es que hay una serie de pequeñas editoriales, también en este país, que editan poesía; “esto permite que el lector de ese género tenga la posibilidad de leerla y gozarla”.

El galardonado, quien reside en México desde hace 30 años, explicó que el exilio lo marcó de algún modo, “porque toda circunstancia exterior, sobre todo la brutalidad del exilio, que influye en la subjetividad de cada quién como influye en las relaciones personales, los ideales, en la vida; de manera que sí influyó, no sé bien de qué modo”.

Temas como el amor, la muerte, la infancia, la justicia social y la fraternidad inspiran a Gelman, quien recordó que durante los años 30 del siglo pasado su hermano mayor, que nació en Ucrania y era un gran lector, le recitaba poemas rusos de Pushkin, “aunque no entendía nada, me atrapaban la musicalidad y el ritmo; así empezó mi formación literaria”.

Su nieta uruguaya, a la que encontraron después de 23 años, fue la primera persona que lo llamó para felicitarlo: “Eso fue muy emocionante, fue la primera felicitación que recibí en el día”.

Entre las reacciones generadas por la noticia, el poeta mexicano Alberto Blanco señaló que Juan Gelman es uno de los mejores poetas de lengua española y que los méritos que avalan el nuevo reconocimiento a su trabajo, con el Premio Cervantes no tienen vuelta de hoja.

“La obra de este poeta ha sido fiel desde un principio a una voz apasionadamente personal. Una voz inconfundible que desde su primer libro de poemas, Violín y otras cuestiones, fue reconocida por su calidad”.

Secuelas de la dictadura militar

Gelman, de 77 años, nació en Argentina, país que lo empujó al exilio tras el golpe militar en la década de los 70 que derivó en una férrea dictadura que persiguió, asesinó y desapareció a miles de personas, entre ellas a familiares directos del poeta galardonado con el Premio Cervantes.

La poesía de Gelman ha sido una de las más reconocidas en su país, donde recibió el Premio Nacional de Poesía, y en México fue distinguido con el galardón Juan Rulfo.

El jurado del Premio Cervantes, presidido por el ministro de Cultura español, César Antonio Molina, y por el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, decidió finalmente elegir a Juan Gelman tras realizar varias votaciones, en las que se desecharon otras candidaturas, como la del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, del poeta mexicano José Emilio Pacheco y el poeta uruguayo Mario Benedetti.

Gelman señaló a la cadena de televisión estadunidense CNN –pues se negó a recibir a los demás medios de comunicación– tras conocer la concesión del galardón, que aunque su obra más conocida es la de tema político, “también tengo otras obsesiones, como los temas eternos de la poesía: el amor, la muerte y la niñez”.

Como es tradición en este premio, en cumplimiento de una regla no escrita desde su fundación, los galardonados se van alternando en función de su origen: un año lo recibe un español –el de 2006 recayó en el poeta asturiano Antonio Gamoneda– y al siguiente se reconoce a un latinoamericano.

Lo anterior explica el hecho de que las candidaturas de autores españoles fueran las que menos opciones tuvieran en esta versión del Premio Cervantes, como fue la del novelista y ensayista Juan Goytisolo, la del catalán Juan Marsé o la de Antonio Muñoz Molina.

Sin embargo, de las candidaturas de escritores latinoamericanos había nombres de enorme prestigio y calidad literaria, como los citados García Márquez y José Emilio Pacheco, pero también la del poeta de la “antipoesía”, Nicanor Parra, o la peruana Blanca Varela.

Llama la atención el hecho que la que, en teoría, era la candidatura más consistente y aclamada por su importancia en la literatura contemporánea, la del Nobel colombiano García Márquez, ni siquiera llegó a las deliberaciones finales y definitivas, que se dirimió entre cuatro finalistas: Juan Gelman, Blanca Varela, José Emilio Pacheco y Mario Benedetti.

El jurado, el cual no explicó los motivos, como es tradición, de su rechazo al resto de las candidaturas, estuvo integrado por Víctor García de la Concha, César Antonio Molina y Antonio Gamoneda, como autor galardonado en la versión anterior; Francisco Albizúrez, designado por la Academia Guatemalteca de la Lengua; José Miguel Ullán, nombrado por el ministro de Cultura; José Manuel Sánchez Ron, designado por el secretario de Estado de Universidades e Investigación; María de los Ángeles Pérez López, designada por la directora del Instituto Cervantes; Amalia Iglesias, designada por la directora de la Biblioteca Nacional; Martín Caparrós, designado por el director general de Cooperación y Comunicación Cultural; Alfredo Conde, designado por el director general de Libro, Archivos y Bibliotecas.

Como secretario de las sesiones de votación ejerció el cargo Rogelio Blanco Martínez, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, y como secretaria de actas fungió Mónica Fernández Muñoz, subdirectora general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas.

Jurado con marcado acento gubernamental

La composición del jurado del Premio Cervantes de Literatura le confiere un marcado carácter gubernamental, ya que ocho de los integrantes de ese cuerpo colegiado son representantes de la administración, lo que en ocasiones provoca suspicacias sobre la intencionalidad política del premiado, como ocurrió con Francisco Umbral, un escritor próximo al derechista Partido Popular que fue galardonado durante la etapa de gobierno de José María Aznar.

En el caso del poeta argentino, el jurado reconoció “la musicalidad y el ritmo de las palabras sin abandonar el compromiso social y político que caracteriza toda su obra literaria”.

También destacó la permanente lucha de Juan Gelman por los derechos humanos y su incansable denuncia de los crímenes atroces que se cometieron en su país, Argentina, en los años de la dictadura de las juntas militares (1976-1983).

El Premio Cervantes, dotado de 90 mil euros, se entregará, como es tradición, el próximo 23 de abril en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, en un acto que preside el jefe del Estado español, el rey Juan Carlos.

Entre la bibliografía de Juan Gelman, destacan los siguientes títulos: Violín y otras cuestiones (1956), Cólera buey (1965), Los poemas de Sidney West (1969), Carta Abierta (1980), Bajo la lluvia ajena (1980), Hacia el Sur (1982), y Eso (1983-1984).

(Publicado originalmente en La Jornada, México,
30 de noviembre de 2007)